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           Qué hacer con el tiempo

                                                         “… que la vida pasa y no se queda”
                                                                          F. Pessoa

Qué hacer con el tiempo
que escapa sutil y firme
de entre las manos inquietas
dejando leve rastro de flores muertas.

Dónde pararlo que atraparlo quede
y oler sus mustias azucenas,
doblegando así su voluntad de huida.

Cómo poner en la balanza
y que la suerte nos sea favorable
el tiempo vivido, el que presientes
y el que pasa tocándolo apenas hoy.

Cuándo volver a navegar
por aguas mansas y que el día
no se avenga extraño, sólo plácido.

Qué sentir, cuando del tiempo
sólo existe la corta sensación
de haber vivido, enfáticas
las horas, quietas en recuerdos.

Y cómo no morir a poco
con los días que se van,
se pierden, no regresan.

 

EN LA TORRE MAS ALTA

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Está sobrevolando la torre más alta como pájaro que planea tras la suerte de ella. La ve tras sus ventanas diáfanas, siempre queriendo saltar y dejarse llevar cual hoja hacia la línea fija que traza el horizonte. Es ave que agarra suave, escondiendo garras o dejando caer su plumaje para no ser vistas. Ahora se entremezcla invisible en la nube que se planta extraña sobre su universo y se convierte en agua, para poder calar los muros y llegar a los cimientos que nos es más que el tronco y las raíces de la que desea poseer. No sabe cómo entra tan sutil que no lo advierte mas que en la piel mojada o en su propia levitación. Qué extraño el dulzor que llega, que no es de tierra mojada, es de flores y no existe jarrón que las acoja pero si un cierto color expandido en la torre, pudiera ser un aromado arco iris. Ahora me pregunto cuál es el paisaje inventado donde se pintan el ave y la que quiere ser libre, tal vez pudiera ser la habitación de arriba de Darabenaz. Discretamente se ha dejado invitar al sueño de siglos atrás y, si no va hacia el horizonte, traspasa el tiempo y se asienta en una estancia que pudiera ser un gran salón , dama ahora, mas dama roja y hacia adelante aún en siglos ya perecidos. Dama errada que es mujer en su torreón donde vierten sus ojos hacia todo lo inmenso que se halla fuera, con sólo un giro cierto puede hacerse de todos los horizontes.

Y ahora regresa cansada de ser etérea y asienta su realidad, mas su semejante no deja de sobrevolar su suerte, incansable, callado, inaccesible, dando a la vida un tono de irrealidad permanente.

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Ilustración de Ángela Oña creada para el poema

Ilustración de Ángela Oña creada para el poema

 

QUE TODO PASA

 

Cuánto se ha de contemplar paciente

que todo pasa, hasta el dolor sangrante,

que la luna adornada de espíritus

de piedra, pasa de largo en la noche.

 

Dónde buscar la memoria infame

que desea olvidar a costa de la vida,

no imploro que vuelva a mis campos

para así sobrevivir al infortunio.

 

Qué amargo se dice del latir del tiempo

cuando busca el perdón de lo no creado

mas viendo lo inhóspito de los hechos

es vital la justa batalla contra la ira.

 

Dónde volcar los miedos incautos

que vuelven y mustian la ansiada

senda de flores que creo y navego

y dónde marcharme y no perecer.

 

Cuánto he de buscar callada para hallarme

sentada en el río, mirando la cara que refleja

y saber que soy yo esa imagen clara

que no se desvanece al roce de un dedo.

 

Que todo pasa hasta el dolor sangrante

que en sangre se adapta a la herida insana

marchita mi casa y la carne que ansío

mas pasando todo no encuentro la calma.

 

 

 

LA SOFÍA LOREN ANDALUZA

Vino al pueblo, vestido como acostumbra, con su sencilla elegancia y el andar seguro, se hospedó en la única casa que daba camas y en una de esas habitaciones soñó su suerte y su futuro. Tan joven, tan sensible, tan heredero del arte, tan místico en su mirar y prendido se quedará de su esbelta figura, la “Sofía Loren andaluza” estaba ante sus ojos, con unas caderas insultantes y firmes y una cintura perfectamente diseñada. Era el placer de haber encontrado la belleza en sí y así ansiarla a solas, sabiendo que difícil sería hacerla suya, asirla de su mano y atrapar su futuro para compartirlo. Ya conoció en su hotel de Santa Elena a Rita Hayworth, impresionado por su belleza roja creo que siempre fue a la búsqueda y la encontró. Era el joven de los zapatitos blancos y ella una niña sin mar en su haber. El tiempo los trasladó a un mismo camino que hizo su remanso en la ciudad mora y de aquellos vestigios pueblerinos sólo quedó la sabiduría de los huertos, lo demás fue un camino hacia lo que hoy soy.

A PINCEL

* Ilustración de Ángela Oña creada para el texto

* Ilustración de Ángela Oña creada para el texto

Él dibuja un eterno silencio en la mañana y al atardecer mira el lienzo como ha quedado, “parece que no se deshace aun con mi letargo” parece decir. “Qué buen trabajo” me digo, “qué bien plantado el negro que parecen versos de noche”. Ya se para, ya se mueve alrededor ladeando la cabeza porque hay algo que no convence o no convencerá más bien. “He de transformar el oscuro lienzo en un oasis de sombras, habrá de adornarse con puntos de luz, que no parezca todo sombra o se difumine en los ojos de ella, habrá de ser preciso, precioso, apreciado, bello sobre todo y no notará la ausencia del morado ni del rojo”.

El cuadro está terminado y aún no convence.

El pintor de estrellas y de noches no se conforma, su creatividad está mermada, “el lienzo no es lo que deseo, no da la tonalidad que busco”.

 Y en su laberinto de inseguridades busca la materia que de vida a su creación y así exhibir su obra magnífica, sin remiendos.

 Toma el cuerpo atrapado en sus manos y lo despliega, intentando que sienta, es necesario. Extendido se queda, abierto a la magia del pincel y recrea toda suerte de noches, escribiendo versos negros en la piel que se deja. Descansa bajo el ventanal abierto y la brisa que mueve su pelo es atrapada en ese instante por la mano artista que no cesa de inventar sobre el desnudo, “ya está el aire, falta el agua que no cesa”, abre los ojos de la lánguida mujer y deja que se mire como si fuese otra y en ese mismo instante en el que inevitablemente de la mirada se desprenden cristales, hace danzar al pincel y cuajada queda el agua salada de mar inexplorado.

Descansa ya la espléndida obra. Se ha alzado mágica sobre la mediocridad del mundo. Es la creación del que no cree en nada y descansa aun a sabiendas de que el lienzo muere sin las manos creadoras. Y si la extraña hembra, base de la extraordinaria pintura, es viento y agua y yace en silencio y en su piel se escriben versos negros, lo inmediato es nombrarla para que desaparezca el sueño.