Venid esas manos

Venid esas manos que inquieten el cuerpo,
acercadlas calmas a la piel que espera,
sopesar la ausencia, la savia que vierto,
manejad mi angustia y a aliviarla vengan.

Cansada de tanto mirar hacia el agua,
dejando que corra sin detener su huida,
reclamo a las horas que llegan al alba
me entreguen la noche y el placer de un día.

Y que se haga eterno este dorado otoño,
que ahonde en mis ganas para así prenderlo
y acerque ese cuerpo que ciega mis ojos,
apartando la ira, el enojado duelo.

Buscando en el velo de esta noche oscura
encuentro tu esencia, tu sentido cierto
y acerco mi sombra a la precisa altura
venciendo la duda me entrego sin dueño.

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