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Imaginar 

Imaginar que andando por los surcos
del tiempo, te detienes,
rastrear la cosecha que se ofrece
y el fruto no encontrar,
condenando las horas que te agotan
evocar la caverna
donde placen arañas y culebras
y hacerlas tus aliadas.

Asomarse a la tierra cultivada
para ver si germina,
salir del vientre oscuro y enlutado
que en vano te atrapó,
regresar al camino que se ofrece
en esta vida en guerra
y  aposentar el alma que se agita
en manos del pensado.

 

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Venid esas manos

Venid esas manos que inquieten el cuerpo,
acercadlas calmas a la piel que espera,
sopesar la ausencia, la savia que vierto,
manejad mi angustia y a aliviarla vengan.

Cansada de tanto mirar hacia el agua,
dejando que corra sin detener su huida,
reclamo a las horas que llegan al alba
me entreguen la noche y el placer de un día.

Y que se haga eterno este dorado otoño,
que ahonde en mis ganas para así prenderlo
y acerque ese cuerpo que ciega mis ojos,
apartando la ira, el enojado duelo.

Buscando en el velo de esta noche oscura
encuentro tu esencia, tu sentido cierto
y acerco mi sombra a la precisa altura
venciendo la duda me entrego sin dueño.

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Alejandrinos de sombra

Mientras siga la muerte tendiéndonos su trampa,
cegándose en las vidas que abandonadas quedan
y se empeñen las sombras en ser nuestras aliadas,
el perfume de flores será el de los entierros.

Mientras el hambre venga acompañando a los ojos,
traspasando las puertas que cerradas están
y aquel color purpúreo se prenda a los sueños,
el agua que discurre se estancará en su curso.

Mientras llene la sangre las manos del temido,
sucumbiendo los hijos al terrible exterminio
y el mutilado cuerpo no encuentre su sustento,
las voces aguerridas pasarán a la nada.

Vayan pues a las calles los que sigan andando,
heridos en batallas y aún no sometidos,
tomando  sin miedo de frente al enemigo,
quitando las mordazas de aquellos silenciados.

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El vuelo de tu risa a mí me venga

El vuelo de tu risa a mí me venga
me atrape cual la luna en mi ventana,
no quiero que mi noche te detenga.
 
Soñemos con un tiempo sin tormento,
que el cuerpo que nació para la danza
ya se avenga solícito a mi encuentro.
 
Perderme en el azul de aquellos ojos
que dolidos me esquivan en la calma
me da la muerte en la vida que no escojo.
 
Me ciego en la codicia del amante
mas hiero tu camino al no atraparlo,
maldigo esta traición a tu semblante.
 
Te quiero y más te amo carne mía
quisiera que mis manos te sostengan
y el mar se quede calmo en tu bravía.
 
Mi piel, mi hijo, osada valentía
si me dejas yo voy a recrearte
cual cometa que viaja por la vida
 
llenando de emociones estas vías
del tiempo y del espacio que habitamos.
Requiero ya tu sangre por la mía.
 
Saldremos con el sol de primavera
bailando aquel  compás de los sonidos
que escuchas cuando llamas a mi puerta.
 
Ya llegue  esa sonrisa a desprenderme
del castigo infligido por tu pena
que el vacío se aleje de mi vientre

y éste acoja otra vez tu breve cuerpo
desate tu silencio amordazado
y vueles de mi mano al libre viento.

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Te requiero ayer

 

Te recuerdo la torpe bandada de pájaros que dejas,
la oscura mirada que a tu lado goza,
el áspero e inquieto y desordenado silencio.

 

Te recuerdo la vida que pasamos quietos
cubriendo de notas las quebradas albas
y el dulce huir de los ojos culpables.

 

Te recuerdo más cuando más lejos andas
y requiero aún tus sensibles dedos
viajeros en cuerpo y papel de seda.

 

Y te requiero por ser distante en locuras,
distinto emerger en los campos desiertos,
cercano en mi imagen, extenso y certero.

 

Te requiero ayer y en el hoy que ya pasa,
quedo inaccesible para mejores sueños
y mañana vengo a reclamar presencias
y a templar la duda, a ponerte empeño.

 

HAZTE SERENA LLUVIA

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Hazte serena lluvia

No llegarán tus manos a tocarme
ni el vientre oscuro se abrirá deshojado
ya te has ido, no regresas, eres mudo
en mi espera, ausente en mi erario.

Te enalteciste en mi voz glaciada
te fuiste del infierno a otro paisaje,
ya no sacias los días eternos,
que el dolor fue tuyo en ti se pierde.

Qué engaño en el pasar del tiempo
oculto estás, apenas me sorprendo,
no quiero regresar imágenes hirientes
me basta rozarte para que el dolor me pierda.

Quiero llegar a un pacto que cure
tu llaga reciente ya cercenada y mi alma
dócil si es que lloras, te querré en tu muerte
y hallarás mi vida entregada a sueños.

Perdonaré la niña anclada y su vigilia
y su espanto por vivir, su inerte existencia,
la actividad engañosa y el dejarse siempre
y volveré a los tiempos de la lucha apasionada.

Y aunque ya mis manos no te llegan
ni tu voz me calma en mi abandono
seguirás fluyendo en los míos pero
hazte serena lluvia, déjate calar despacio.

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Ilustración de Ángela Oña, creada para el poema

Ilustración de Ángela Oña, creada para el poema

El PULSO DE LA VIDA

¿No sientes el pulso de la vida

adaptándose la piel a su tibieza,

entregándose galopante a su abrazo,

tendiéndote la trampa en su vaivén?

 

Morirse con el día y el tiempo avanza

y adueñarte de la luna en bocanadas de fuego,

si se ha ofrecido benévola para cortar la suerte

se deja atrapar enfocando el aura.

 

Viajar en la cresta y aterrizar de pronto

y avanzar corriendo y frenar el paso.

¿No ves que como pluma vas a su ritmo?,

que es su pulso no el tuyo el que te empuja.

 

Sientes, tal vez como tú en el centro

y cómo figuras a tu alrededor viajan,

fotogramas de vida que no llegan

a ser de nadie, mas del tiempo debieran.

 

Siento el pulso del tiempo que espera

que pase a veces silenciosa, susurrante

y prófuga aparezco cuando se detiene a por mí

mas si avanzo, él empieza su  huida.

 

Ni vienes a mí ni corro al encuentro

pertenecemos los dos a un mismo espacio

mas espacio y tiempo me alejan hastiada

y me detengo, halo sin peso, sin cuerpo.